El patrimonio de la empresa no es una simple colección de activos y pasivos: es un conjunto ordenado de elementos orientados a un fin, la realización de una determinada actividad económica.
Esta actividad ocasiona flujos, tanto internos como externos. Por ejemplo, hemos visto cómo una venta reduce el inventario y convierte la mercancía en una cuenta a cobrar; hay un flujo físico externo (la salida de la mercancía), pero también flujos económico-financieros internos (la transformación de esa mercancía en un crédito, y posteriormente en tesorería).
Los flujos pueden entenderse como relaciones de intercambio entre los distintos elementos o masas patrimoniales, y son importantes porque determinan la tesorería neta y por tanto el valor. Se resumen en estados contables ad hoc, como la cuenta de pérdidas y ganancias, el estado de origen y aplicación de fondos, y el estado de cash flow.
La Cuenta de Pérdidas y Ganancias
Continuando con nuestra analogía, imagine que ha guardado meticulosamente todos los ingresos de este mes en una caja; de ella va quitando las cantidades que gasta. Solo como simplificación, asuma por el momento que esos ingresos representan cobros reales, y que todos los gastos ocasionan pagos. La cantidad que queda en esa caja al final del mes es su ahorro, algo que en el contexto de una actividad empresarial sería el beneficio.
La situación en esa empresa es mucho más complicada, porque los ingresos y los gastos son muy variados, de manera que necesitamos documentar las operaciones de manera un poco más formalizada. El resumen de esos movimientos es la Cuenta de Pérdidas y Ganancias, que con frecuencia se ofrece en un formato denominado analítico, o en cascada: de los ingresos se restan sucesivamente los gastos de explotación (compras, personal, etc.), los intereses y gastos financieros ocasionados por la deuda, y finalmente los tributos; la cantidad remanente es el beneficio.
A continuación se muestra un esquema sintético de la cuenta de resultados. A la izquierda, en color gris, se presentan las cantidades que se detraen; a la derecha, en azul, los respectivos remanentes, que en la práctica son diferentes cifras de beneficio. Hay dos magnitudes especialmente relevantes: el beneficio antes de intereses e impuestos (BAIT) y el beneficio neto (BN).
Este esquema responde a la lógica económica de un negocio: los ingresos deben ser, cuando menos, suficientemente grandes como para cubrir los gastos; y el remanente (BAIT) debe ser suficiente para atender los gastos financieros ocasionados por la deuda. No debe interpretar que los gastos de explotación prevalezcan sobre los financieros, los tratamos de forma separada porque tienen un origen diferente (la actividad y la financiación, respectivamente) y nos interesa clarificar la manera en que se forma el beneficio.
Si una empresa tiene un BAIT insuficiente, hay que buscar la causa en la explotación; si ese BAIT es adecuado pero el beneficio neto es negativo, debe verificar en primer lugar la estructura financiera, que es el origen de los gastos financieros.
Sin embargo, desde el punto de vista financiero, interesan los flujos de caja. Cobros y pagos se sintetizan en el estado de flujos de efectivo, que obtiene la variación neta de la tesorería como la diferencia entre los cobros y todos los pagos por todos los conceptos (proveedores, intereses y amortización de deuda, servicios externos, tributos, etc.). Este documento es importante porque, aunque el beneficio tiene más presencia en nuestro lenguaje coloquial, todas las decisiones financieras se evalúan en función de su impacto en la tesorería.